La upatense más ilustre en Yaracuy: Carmen “Carmira” de Ramírez

Muchos poetas de nuestra natal “Villa del Yocoima” suelen comparar la famosa belleza de la mujer upatense con la frescura de su clima y la fortaleza del mármol que abunda en sus tierras. De allí es que varios sanfelipeños nos han contado que una de esas lindezas nativas de Upata fue la que engalana el título de estas notas; las cuales son escritas más para mis paisanos upatenses que para los yaracuyanos, pues esa dignísima mujer, trajo a Yaracuy sus virtuosas dotes didácticas adquiridas en el Instituto Pedagógico de Caracas, donde se graduó como profesora en la especialidad de Geografía e Historia, y con ello realzó el gentilicio upatense para colocarlo en el más alto sitial de esta región.
Y es que en la “Upata de los carreros” –descrita así por Rómulo Gallegos en su novela “Canaima” (1935), en alusión como ruta de paso, en carretas de bueyes y mulas, y aprovisionamiento de los mercaderes que la usaban como vía para sus incursiones hacia el sur del estado Bolívar– ha nacido un sinnúmero de virtuosas mujeres como “Carmira”. Entre ellas destacan: Anita Acevedo Castro (?), Bárbara Gómez Lezama (?), Concepción Acevedo de Taylhardat (1855-1953), Guillermina “Mimina” Rodríguez Lezama (1924-2006), María Cova Fernández (1874-1947), María J. Silva (1928-2005), Sandalia Siso (1885-?), y así una pléyade de intelectuales, pedagogas, escritoras, poetisas y artesanas, las que “con áureos buriles sus magnas proezas la historia en sus fastos por siempre grabó” –como reza la letra del himno del estado Bolívar–.

Fue en 1953 cuando la excelsa docente Carmen Edelmira García de Ramírez inicialmente llegó a la Colonia Agrícola Durute, cercana al caserío Santa María, al sur de San Felipe, junto a su esposo, el también docente Fernando Ramírez, con quien formó un afectuoso hogar y entre ambos regaron con cariño a caudales su paso por el magisterio yaracuyano, siendo inolvidables en el corazón de quienes los conocieron. Posteriormente comenzó a dictar clases como profesora de Geografía e Historia en el Liceo Arístides Rojas –creando allí el periódico “Humanidades” y la “Revista Yaracuy”– y en el Instituto Universitario de Tecnología de Yaracuy (IUTY).
Su prodigiosa pluma estuvo siempre al servicio de la historia y la educación, donde por cierto fue columnista de este diario Yaracuy al Día (situado entonces muy cerca de la arepera “El Isorano” de la cuarta avenida, a una cuadra de la avenida La Patria) y amiga muy cercana de la casa de la familia Pinto Acosta, propietarios-editores de este medio impreso y digital. También fue columnista (1979-1992) de la revista “El Pilón”, de la empresa Promasa en Chivacoa, y de la revista “Apuntes” del IUTY. Entre sus publicaciones impresas destacan los folletos turísticos: “Leyenda de Yurubí”, “Mito de María Lionza”, “Parque Minas de Aroa”, “Parque Leonor Bernabó” y “Parque San Felipe El Fuerte”. Y es que las letras de “Carmira” estaban teñidas de un profundo amor por Yaracuy, y a este suelo dedicó su vida entera con el mismo sentimiento que le dedicó a su hogar, al lado de sus hijos y a sus eternos amores: Fernando Ramírez y el Libertador Simón Bolívar.
Aquí son legendarias sus andanzas al ocaso del día como maestra en un viejo Jeep Willys por caminos polvorientos, cruzando el río Yaracuy por los lados de Boraure para llegar a tiempo a dar clases en el único liceo de Yaracuy para la época: el Arístides Rojas.
La profesora “Carmira”, quien nació en 1922, fue –y su memoria sigue siendo– una figura emblemática de Yaracuy que se destacó en sus disímiles facetas: fue la tercera cronista oficial del municipio San Felipe y la primera directora-fundadora de la Biblioteca Pública Central “Félix Pifano”. Además, es recordada por su obra “Las muñecas de Carmira” –en la que refleja su amor por su Upata natal y su hogar adoptivo–, mediante la cual dio vida a sus muñecas de trapo evocando sus creaciones que, sin duda, forman parte de la identidad cultural de la región yaracuyana.
Con todo, su vida y obra estuvieron dedicadas por completo al estado Yaracuy, al punto de que hoy muchos creen que nació en la capital yaracuyana, donde el Colegio de Profesores creó la “Orden Carmen de Ramírez” en su honor.
Relatan que la vida de la profesora “Carmira”, cuya filosofía era exaltar la vida familiar y lograr un mundo donde “el amor sea la medida de todas las cosas”, fue una mezcla de rigor histórico y fantasía artesanal. Su legado está signado principalmente por su faceta como “madre” de las muñecas de trapo de Yaracuy. En su rol de consagrada escritora, la honorable profesora Carmen Edelmira García de Ramírez también es autora del libro “Las Minas del Libertador” (compilación histórica) y dejaba aflorar su acento guayanés en los programas radiales “La Voz Municipal” (1978), “Conozcamos a Bolívar” (una sección del programa “Integración Yaracuyana”), “Sembrando Futuro” del IUTY (1990-91), “Algo más sobre Yaracuy” (1984-85) y en el programa infantil “Golosinas” por Radio Alegría de Chivacoa, entre otros.
De la investigación que respecto a la engalanada de hoy realizamos, resultó que en el sentir de la gente común de esta región, los personajes de trapo en forma de muñecos que ella confeccionaba en sus ratos libres para narrar historias locales (como el romance entre Juan de Palmarejo y la Luz de Buria), no son simples juguetes, sino expresiones que muestran la identidad regional. Dicen además que era famoso el “Bautizo” de sus muñecos: unas fiestas que ella organizaba en el garaje de su casa en la avenida Yaracuy (en San Felipe) para bautizar sus creaciones. En esas reuniones, sus amigos se convertían en “padrinos” de las muñecas, compartiendo rosquitas y dulces tradicionales. Tan es así que actualmente el Instituto de la Cultura del estado Yaracuy mantiene vivo su legado con presentaciones teatrales inspiradas en sus personajes, como la obra “Los muñecos de Carmira”.
Un tributo que se le rinde a la upatense de marras es el epónimo de la Escuela Básica Bolivariana “Carmen de Ramírez”, situada en el sector IV etapa de Higuerón, en San Felipe; e igual a su esposo al habérsele conferido el honor de llevar su nombre en el «Liceo Fernando Ramírez», en el municipio Independencia.
El 17 de abril de 1992, el corazón de esa “Hija Distinguida de San Felipe”, distinción que le fue concedida en 1986 por el Concejo Municipal, dejó de palpitar, pero su recuerdo jamás se ha apagado y su luz aún alumbra a sus amigos, a sus alumnos, a sus hijos y a todo el que la conoció. Relatan asimismo que, a pesar de ser guayanesa de nacimiento, siempre expresó que su deseo era “morir en la tierra que tanto amó”, refiriéndose a San Felipe, tal cual ocurrió.
Para finalizar, damos cuenta lamentable de que al indagar en la “Ciudad de las Siete Colinas” sobre el nacimiento y los primeros años de la profesora Carmen Edelmira nos topamos con lo que dijimos al principio, lo cual resulta lógico de entender: la eminente docente en referencia es muchísimo más conocida en Yaracuy que en Guayana, en razón de lo cual los upatenses debemos aprender más de ella.
¡Bendita sea la memoria de Carmen “Carmira” de Ramírez!
